Fue el año pasado casi por estas fechas. Con unos amigos me fui a Madrid a ver 'El Fantasma de la Ópera'. No era la primera vez que veía un musical en el teatro, ya había visto antes 'La Bella y la Bestia', por ejemplo. Me sabía de memoria ya de mucho antes casi todas las canciones, pero nunca había visto el musical como tal. Quedé impresionado. La historia era impresionante. La ambientación perfecta. Las voces increibles.
Dice la historia verídica que cuando se comenzó la construcción de la Ópera Garnier de París se halló un lago subterraneo que dificultó mucho su construcción. Sin embargo, dicho lago se conservó en los subterráneos y todavía hoy existe. Y allí es precisamente donde Gastón Leroux decidio situar los hechos de su novela 'El Fantasma de la Ópera'. La novela narra la historia de Christine Daae, una joven corista de ópera que crece huérfana y recibe clases de canto de un misterioso ser a quien nunca ve y que ella cree que es un ángel que su padre le anunció que le enviaría antes de morirse. Pero el ángel no es sino un ser dispuesto a matar por hacerse con el corazón de Christine. Raul, un personaje de la nobleza y amigo de la infancia de Christine, aparecerá en escena para tratar de conquistar el corazón de esta, a pesar de tener que enfrentarse para ello al famoso 'fantasma'. Christine es raptada más de una vez a un lugar más allá del lago subterraneo donde el fantasma posee su guarida secreta.
Hay individuos tan inteligentes (cierto programa chabacano de televisión) que se han atrevido a comparar la película de 'El Fantasma' con 'La Bella y la Bestia' de Disney. Si bien es cierto que en ambos casos tenemos a dos muchachas bellas de las que se enamora un ser de aspecto espantoso, no hay casi ningún parecido más. Erik, el fantasma, es un asesino que está dispuesto a todo por lograr el amor de Christine. Y si hay que matar matará. Es un solitario al que su propia madre le puso la máscara, y uno sentiría compasión por él si no fuese por su manía de matar a quien se le pone en medio. Como le viene a decir Christine, no es su cuerpo lo que produce temor, sino su alma. Eso es algo que nunca llegaría a hacer la Bestia. Sin embargo, Erik tampoco es culpable de ser así (mientras que la Bestia sí). De pequeño fue un monstruo de circo al más puro estilo John Merrick hasta que optó por refugiarse en los subterráneos de la Ópera. Además, el drama es que Raul, a diferencia de Gastón, sí es un personaje virtuoso. Es atractivo, es rico, es buena persona y es amigo de la infancia de Christine. Lo tiene todo. Por eso el drama de Erik es todavía más grande. Sabe que no puede competir. Sabe que no sólo ha sido un monstruo a los ojos de Christine por su cara desfigurada, sino que lo ha sido por su actitud, que es lo que al final le importa a ella. Y el final no tiene nada pero nada que ver.
Hoy he ido a ver el estreno en cine. He vuelto a revivir aquella sensación que viví en Madrid. Desconfiaba mucho de Joel Schumacher, director capaz de hacer tanto muy buenas películas como auténticos bodrios (lo de Batman fue imperdonable). Mi sorpresa ha sido comprobar que la versión española ha sido doblada por el elenco que interpretó el musical en Madrid, cosa que me ha parecido genial, pues ahora con el DVD podremos oir ambas versiones. Me ha faltado que saliera Luis Amando, el Fantasma al que yo vi, pero estaba Juan Carlos Barona, el otro Fantasma. Y con él estaba Julie Möller, que a la gente no le sonará tanto como Chenoa, pero para mí será siempre mi 'Bella', pues era ella quien la interpretaba cuando yo la vi. Julie tiene una voz tan espectacular como dulce, lo que la hace ideal para el papel. Hace unos días oi decir en la radio que deberían haberle dado a Camilo Sesto la oportunidad de ser él. Con todos mis respetos para Camilo, me alegro de que no. Creo que hay un montón de profesionales que se dedican a musicales, zarzuelas y lo que les sale, que tienen mucha más tablas para este tipo de cosas y que me parece espantoso que luego llegue el famosete de turno y les quite el pan. Por eso dudo mucho que vaya a ver Mamma Mía mientras esté Nina-OT, pero estoy deseando ir a ver Cabaret ahora que se que está María Blanco (que viene del musical de Queen).
Hace poco tuve la ocasión de ver la nueva edición de 'Cinema Paradiso', que llevaba casi 45 minutos más de película de los que casi todos estaban al final. Era como ver la película de toda la vida pero 'viva', pues sabías que ibas a saber cosas nuevas. Hoy he sentido lo mismo. Desde el principio he visto claro que habría algo más al final de lo que había en la obra teatral, y así ha sido. Y me ha parecido estupendo. El cine tiene un lenguaje y el teatro otro, y del mismo modo que en el cine jamás podrás sentir lo que se siente en el teatro cuando el Fantasma decide cortar cierta cuerda, tampoco el teatro tiene los recursos del cine para hacer elipsis tan fácilmente.
Aún así, también he de reconocer que la película tiene algunas cosas que no me han gustado. Sobre todo el personaje de Carlota, que de siempre ha sido español y aquí, no se si por el doblaje, italiano. La Carlota del teatro era una magnífica cantante (aunque su voz no es tan fina como la de Christine) y no es hasta la intervención del Fantasma que se hunde su carrera. Sin embargo, aquí hay ciertos momentos en que los empleados del teatro se tapan los oidos para no oirla, cosa que no tiene sentido en una supuesta diva.
Pero también hay puntos positivos. Estas películas musicales suelen introducir una canción nueva que no estaba en el musical para poder competir con ella en los Oscars (ya que las canciones han de ser originales y ser la película el primer lugar donde aparezcan). En 'Evita' optaron por meterla en medio y la cosa no quedó muy bien. Aquí lo han hecho... ¡en los títulos de crédito! ¡Chapeau!
En fin, estoy deseando volver a ver esta película y tener en las manos ese DVD para poder ver las dos versiones tantas veces como me plazca. De momento, ha sido salir del cine y hacerme con el CD de la versión española.
miércoles, diciembre 15, 2004
martes, octubre 19, 2004
Las recogepelotas
Bueno, bueno. Los que me conocen en persona me habrán oido hablar más de una vez del famoso tema de "Las Caras de Bélmez". En los últimos días han surgido nuevas noticias sobre la aparición de nuevas caras no en la casa de siempre, sino en la casa natal de María Gómez Cámara. El caso es que yo tuve la suerte de ser estar allí cuando Felipa abrio la casa por primera vez para que se investigara en ella, concretamente el 25 de septiembre. En tan pocos días, no hace ni un mes aún, ha habido todo un aluvión de noticias en todos los medios, superior incluso a a noticia de la muerte de María. En fin, aunque Desi invita a la gente a venir aquí para ver cosas de eso, ya hablaré más adelante. De momento, quien quiera, puede echar un vistazo a lo que hay en Estigia.
El caso es que hoy quería hablar de otra cosa. En el Masters de tenis de Madrid se ha liado una gorda. Parece ser que la organización decidió animar el evento poniendo a unas cuantas chicas modelos como recogepelotas del torneo. Hombre, no es que sea una decisión muy afortunada, pero no se, no me parece para tanto. Al fin y al cabo, la belleza se utiliza en publicidad, en televisión, en prensa, etc, etc... Para coger las pelotas de un partido de tenis, por muy Masters que sea, no hace falta nada especial. Y si encima publicitan una marca de ropa, como parece ser, pues forma parte del espectáculo. Al fin y al cabo, buena parte del éxito del tenis de los últimos años viene más de la belleza de Anna Kournikova, por poner un ejemplo, que de las habilidades tenísticas de la Davenport.
Pues bien, parece ser que el Ministerio de Trabajo ha intervenido y ha exigido la retirada de dichas modelos por sexismo. La verdad es que últimamente están que se superan. Vamos a ver, puestos a prohibir la participación de las modelos en el torneo de tenis, deberían prohibir muchas más cosas. Por ejemplo, que quiten a las cheerleaders de los partidos de baloncesto. Eso es sexismo puro. Quitadas las cheerleaders deberíamos quitar también a las azafatas de congresos. ¿Alguna vez han visto una que fuera fea? ¿Acaso no atraen a la gente a los stands utilizando su belleza? Por supuesto, deberíamos eliminar a todas las actrices guapas del cine español. A partir de ahora, sólo feas. Habría que seguir con todas las azafatas televisivas: todas al paro. Siguiendo con el deporte, se deberían eliminar las azafatas de las carreras ciclistas. Podrían seguir el ejemplo de la Vuelta a Qatar, donde sube un tío con bigote y chilaba al podio a dar el premio. Además, así estaría más en consonancia con la apertura islámica esa del ZP, que está tan de moda ahora. Para terminar, las modelos del tenis podrían ser sustituidas por modelos mucho menos sexistas, como nuestras ministras posadoras del Vogue, pues de todos es sabido que posar en el Vogue no es sexista, ¿verdad? ¡Pues hala! ¡Problema resuelto!
El caso es que hoy quería hablar de otra cosa. En el Masters de tenis de Madrid se ha liado una gorda. Parece ser que la organización decidió animar el evento poniendo a unas cuantas chicas modelos como recogepelotas del torneo. Hombre, no es que sea una decisión muy afortunada, pero no se, no me parece para tanto. Al fin y al cabo, la belleza se utiliza en publicidad, en televisión, en prensa, etc, etc... Para coger las pelotas de un partido de tenis, por muy Masters que sea, no hace falta nada especial. Y si encima publicitan una marca de ropa, como parece ser, pues forma parte del espectáculo. Al fin y al cabo, buena parte del éxito del tenis de los últimos años viene más de la belleza de Anna Kournikova, por poner un ejemplo, que de las habilidades tenísticas de la Davenport.
Pues bien, parece ser que el Ministerio de Trabajo ha intervenido y ha exigido la retirada de dichas modelos por sexismo. La verdad es que últimamente están que se superan. Vamos a ver, puestos a prohibir la participación de las modelos en el torneo de tenis, deberían prohibir muchas más cosas. Por ejemplo, que quiten a las cheerleaders de los partidos de baloncesto. Eso es sexismo puro. Quitadas las cheerleaders deberíamos quitar también a las azafatas de congresos. ¿Alguna vez han visto una que fuera fea? ¿Acaso no atraen a la gente a los stands utilizando su belleza? Por supuesto, deberíamos eliminar a todas las actrices guapas del cine español. A partir de ahora, sólo feas. Habría que seguir con todas las azafatas televisivas: todas al paro. Siguiendo con el deporte, se deberían eliminar las azafatas de las carreras ciclistas. Podrían seguir el ejemplo de la Vuelta a Qatar, donde sube un tío con bigote y chilaba al podio a dar el premio. Además, así estaría más en consonancia con la apertura islámica esa del ZP, que está tan de moda ahora. Para terminar, las modelos del tenis podrían ser sustituidas por modelos mucho menos sexistas, como nuestras ministras posadoras del Vogue, pues de todos es sabido que posar en el Vogue no es sexista, ¿verdad? ¡Pues hala! ¡Problema resuelto!
martes, octubre 12, 2004
¿Puedes leerme el pensamiento?
¿Puedes leerme el pensamiento?
¿Sabes el efecto que produces en mi?
No se quien eres.
Sólo un amigo llegado de otra estrella.
Y aquí estoy yo, como una cría recien salida del colegio.
Dando la mano a un dios.
¡Qué tonta soy!
¿Me ves? Estremecida. Temblando como una niña.
¿Puedes sentir mis emociones?
¿Puedes leerme el pensamiento?
¿Puedes ver en tu imaginación las cosas que yo pienso?
Me pregunto por qué serás tan magnífico,
tan magnífico como todo lo que haces.
Puedes volar.
Tu lugar está en el cielo.
Tú y yo podríamos ser el uno para el otro.
Si necesitas una amiga,
acude a mi. Si necesitas amor, aquí estoy.
Leeme el pensamiento.
Traducción del tema "Can you read my mind" John Williams / Leslie Bricuse
Banda Sonora "Superman the movie"
¿Sabes el efecto que produces en mi?
No se quien eres.
Sólo un amigo llegado de otra estrella.
Y aquí estoy yo, como una cría recien salida del colegio.
Dando la mano a un dios.
¡Qué tonta soy!
¿Me ves? Estremecida. Temblando como una niña.
¿Puedes sentir mis emociones?
¿Puedes leerme el pensamiento?
¿Puedes ver en tu imaginación las cosas que yo pienso?
Me pregunto por qué serás tan magnífico,
tan magnífico como todo lo que haces.
Puedes volar.
Tu lugar está en el cielo.
Tú y yo podríamos ser el uno para el otro.
Si necesitas una amiga,
acude a mi. Si necesitas amor, aquí estoy.
Leeme el pensamiento.
Traducción del tema "Can you read my mind" John Williams / Leslie Bricuse
Banda Sonora "Superman the movie"
lunes, octubre 11, 2004
El día en que murió un superhombre
Esta mañana he descubierto la noticia al revisar la prensa digital. Ayer moría en su propio domicilio el heroe de mi infancia: Christopher Reeve, más conocido por Superman.
Superman, como para todo niño de mi época, era todo un heroe de ficción, un ejemplo a seguir. Yo casi que sólo lo conocía por las películas, pues en aquella época viviendo en un pueblo español tampoco tenía uno el acceso a los cómics de superheroes que un niño estadounidense, por ejemplo.
Admiraba a Superman no sólo por sus poderes, que eran envidiables, sino por lo buena persona que era, por su gran nobleza. A pesar de lo fácil que le hubiera sido corromperse y pegarse la vida padre, el heroe se empeñaba en hacer el bien, en ayudar a los humanos. Enviado por su padre desde el cielo para ayudarnos (¿les suena eso?), Superman era el último hijo de Krypton, un planeta destruido por una inestabilidad interna descubierta por por Jor-El (padre de Superman), pero no creida por el Consejo. A pesar de avisar, Jor-El no es creido y es obligado a permanecer en Krypton, cosa que hace en todo un gesto socrático. Eso sí, tanto él como Lara, su esposa, deciden enviar a su único hijo a la Tierra. Allí será un ser superior a los demás y adquirirá poderes inexplicables para sus habitantes. Kal-El, el nombre kryptoniano de Superman, se criaría con una humilde familia de granjeros, los Kent, se enamoraría por primera vez en el instituto de una chica llamada Lana Lang y luego se iría a Metrópolis, la gran urbe, donde trabajaría en el Daily Planet y se enamoraría definitivamente de la también periodista como él Lois Lane. Allí empezaría una doble vida como Superman y como Clark Kent, protegiendo a la humanidad de todos los males, terrorismos, robos y demás delitos que era capaz de atajar. Y sería en Metrópolis donde conocería a su archienemigo, Lex Luthor, un inteligentísimo criminal que lo pondría en más de un apuro gracias, sobre todo, a la utilización de la kryptonita, un mineral de Krypton contaminado por la radiación que acabó con el planeta y que es capaz de debilitar a Superman hasta hacerlo vulnerable. Esta historia, claramente inspirada en el Nuevo Testamento, alcanzaría aún más similitud con los Evangelios cuando, en la primera película, Superman era capaz de resucitar a los muertos o, en los cómics, cuando Superman moría en la batalla mortal contra Juicio Final para resucitar pasados unos días.
Sin duda alguna, han habido y habrán muchos más Supermanes, pero Christopher Reeve siempre será el referente: como Sean Connery para James Bond o Johnny Weismuller para Tarzán. Fue elegido sobre todo por su parecido físico con el personaje del cómic. Sus padres, intelectuales muy pero que muy alejados de los cómics, pensaban que aquello de Superman tenía que ver con algo relacionado con Nietzsche. Con Marlon Brando o Glenn Ford para darle empaque como padre biológico y adoptivo, una espléndida dirección de Richard Donner y un magnífico guión de Mario Puzo ('El Padrino'), el primer Superman de Reeve se convirtió en todo un éxito de taquilla que llegó a continuarse en 3 películas más e incluso otra sobre la prima de Superman: Supergirl. Películas que, salvo la segunda, fueron degenerando cada vez más, haciendose más infantiloides y absurdas a la vez.
Pero si Reeve fue alguien que un día nos hizo creer que una persona podía volar, su segunda gran hazaña fue hacernos creer que un tetrapléjico podría volver a andar. Y si bien es cierto que sé que la primera de las dos cosas sólo es y seguirá siendo, por mucho tiempo, cosa del cómic y el cine, gracias a Reeve estoy casi convencido de que la segunda será cierta en no muchos años. Lástima que él haya caido antes, pero estoy seguro de que se podrá hacer, y además será en gran parte gracias a su labor. Reeve quedó paralítico tras un accidente de equitación, pero nunca se rindió. Le dijeron que no volvería a andar, que la sensibilidad no volvería, pero nunca se rindió. Al contrario que el caso español tan de moda ahora con la peli de Amenábar, Reeve fue todo un heroe que, a pesar de todo, no se conformó con su situación ni con la de tanta gente e hizo todo lo que pudo y estuvo en su mano por curarse y por ayudar a tantos a curarse. A buen seguro que muchos de los experimentos que se han hecho con éxito con él ayudarán a muchos otros. No soy ningún médico, pero creo que la Iglesia se equivoca cuando le niega la posibilidad de curarse a todas estas personas que están así. Si realmente existe una posibilidad de regenerar la médula y devolver la movilidad a tantas y tantas personas, debería explotarse cuanto antes. Con control, por supuesto, para evitar aberraciones, pero con eficacia. Imaginen lo que puede significar para tantas personas que todas estas enfermedades tuvieran cura. Sería fantástico.
Reeve para mí no ha muerto. De hecho, hace tan solo unas semanas que lo ví en uno de los últimos episodios, hasta ahora, de 'Smallville', donde tenía un pequeño papel cada vez más recurrente que parecía destinado a jugar un papel muy importante en la mitología de la serie. Dicen que pronto habrá una nueva peli de Superman. En mi opinión, sólo hay un actor que merece lucir dicho traje, y no es otro que Tom Welling de Smallville. Y lo es porque es el único que puede presumir de haberlo hecho ya junto a Christopher Reeve, como en su día el anterior Superman tuvo su cameo en la peli de Reeve. Y es que Reeve no había parado. A pesar de su enfermedad se había ligado (en la ficción) a Daryl Hannah en una nueva versión de 'La Ventana Indiscreta', seguía colaborando en 'Smallville' y se había recorrido medio mundo para hablar de su enfermedad y de sus posibles curas y tratamientos.
En los años 90, DC Comics decidió matar a Superman. En el número 75 del Superman post-crisis, Superman se enfrentaba a un terrible enemigo, Doomsday, que arrasaba todo lo que encontraba a su paso y que se enfrentaba en un duelo a muerte con Superman en las calles de Metrópolis. Superman caía muerto, no sin antes liquidarse también a Doomsday y salvar a la humanidad, en las calles de Metrópolis. En los brazos de Lois Lane yacía el cuerpo sin vida, totalmente desgarrado, de Superman. Las últimas viñetas del cómic decían "For this is the day / that a Superman died" (este el día en que murio un superhombre). Sin duda alguna, ayer, 10 de octubre del 2004, fue el día en que un superhombre murio. Y como en el cómic, estoy seguro, de que seguirá vivo por mucho tiempo.
Superman, como para todo niño de mi época, era todo un heroe de ficción, un ejemplo a seguir. Yo casi que sólo lo conocía por las películas, pues en aquella época viviendo en un pueblo español tampoco tenía uno el acceso a los cómics de superheroes que un niño estadounidense, por ejemplo.
Admiraba a Superman no sólo por sus poderes, que eran envidiables, sino por lo buena persona que era, por su gran nobleza. A pesar de lo fácil que le hubiera sido corromperse y pegarse la vida padre, el heroe se empeñaba en hacer el bien, en ayudar a los humanos. Enviado por su padre desde el cielo para ayudarnos (¿les suena eso?), Superman era el último hijo de Krypton, un planeta destruido por una inestabilidad interna descubierta por por Jor-El (padre de Superman), pero no creida por el Consejo. A pesar de avisar, Jor-El no es creido y es obligado a permanecer en Krypton, cosa que hace en todo un gesto socrático. Eso sí, tanto él como Lara, su esposa, deciden enviar a su único hijo a la Tierra. Allí será un ser superior a los demás y adquirirá poderes inexplicables para sus habitantes. Kal-El, el nombre kryptoniano de Superman, se criaría con una humilde familia de granjeros, los Kent, se enamoraría por primera vez en el instituto de una chica llamada Lana Lang y luego se iría a Metrópolis, la gran urbe, donde trabajaría en el Daily Planet y se enamoraría definitivamente de la también periodista como él Lois Lane. Allí empezaría una doble vida como Superman y como Clark Kent, protegiendo a la humanidad de todos los males, terrorismos, robos y demás delitos que era capaz de atajar. Y sería en Metrópolis donde conocería a su archienemigo, Lex Luthor, un inteligentísimo criminal que lo pondría en más de un apuro gracias, sobre todo, a la utilización de la kryptonita, un mineral de Krypton contaminado por la radiación que acabó con el planeta y que es capaz de debilitar a Superman hasta hacerlo vulnerable. Esta historia, claramente inspirada en el Nuevo Testamento, alcanzaría aún más similitud con los Evangelios cuando, en la primera película, Superman era capaz de resucitar a los muertos o, en los cómics, cuando Superman moría en la batalla mortal contra Juicio Final para resucitar pasados unos días.
Sin duda alguna, han habido y habrán muchos más Supermanes, pero Christopher Reeve siempre será el referente: como Sean Connery para James Bond o Johnny Weismuller para Tarzán. Fue elegido sobre todo por su parecido físico con el personaje del cómic. Sus padres, intelectuales muy pero que muy alejados de los cómics, pensaban que aquello de Superman tenía que ver con algo relacionado con Nietzsche. Con Marlon Brando o Glenn Ford para darle empaque como padre biológico y adoptivo, una espléndida dirección de Richard Donner y un magnífico guión de Mario Puzo ('El Padrino'), el primer Superman de Reeve se convirtió en todo un éxito de taquilla que llegó a continuarse en 3 películas más e incluso otra sobre la prima de Superman: Supergirl. Películas que, salvo la segunda, fueron degenerando cada vez más, haciendose más infantiloides y absurdas a la vez.
Pero si Reeve fue alguien que un día nos hizo creer que una persona podía volar, su segunda gran hazaña fue hacernos creer que un tetrapléjico podría volver a andar. Y si bien es cierto que sé que la primera de las dos cosas sólo es y seguirá siendo, por mucho tiempo, cosa del cómic y el cine, gracias a Reeve estoy casi convencido de que la segunda será cierta en no muchos años. Lástima que él haya caido antes, pero estoy seguro de que se podrá hacer, y además será en gran parte gracias a su labor. Reeve quedó paralítico tras un accidente de equitación, pero nunca se rindió. Le dijeron que no volvería a andar, que la sensibilidad no volvería, pero nunca se rindió. Al contrario que el caso español tan de moda ahora con la peli de Amenábar, Reeve fue todo un heroe que, a pesar de todo, no se conformó con su situación ni con la de tanta gente e hizo todo lo que pudo y estuvo en su mano por curarse y por ayudar a tantos a curarse. A buen seguro que muchos de los experimentos que se han hecho con éxito con él ayudarán a muchos otros. No soy ningún médico, pero creo que la Iglesia se equivoca cuando le niega la posibilidad de curarse a todas estas personas que están así. Si realmente existe una posibilidad de regenerar la médula y devolver la movilidad a tantas y tantas personas, debería explotarse cuanto antes. Con control, por supuesto, para evitar aberraciones, pero con eficacia. Imaginen lo que puede significar para tantas personas que todas estas enfermedades tuvieran cura. Sería fantástico.
Reeve para mí no ha muerto. De hecho, hace tan solo unas semanas que lo ví en uno de los últimos episodios, hasta ahora, de 'Smallville', donde tenía un pequeño papel cada vez más recurrente que parecía destinado a jugar un papel muy importante en la mitología de la serie. Dicen que pronto habrá una nueva peli de Superman. En mi opinión, sólo hay un actor que merece lucir dicho traje, y no es otro que Tom Welling de Smallville. Y lo es porque es el único que puede presumir de haberlo hecho ya junto a Christopher Reeve, como en su día el anterior Superman tuvo su cameo en la peli de Reeve. Y es que Reeve no había parado. A pesar de su enfermedad se había ligado (en la ficción) a Daryl Hannah en una nueva versión de 'La Ventana Indiscreta', seguía colaborando en 'Smallville' y se había recorrido medio mundo para hablar de su enfermedad y de sus posibles curas y tratamientos.
En los años 90, DC Comics decidió matar a Superman. En el número 75 del Superman post-crisis, Superman se enfrentaba a un terrible enemigo, Doomsday, que arrasaba todo lo que encontraba a su paso y que se enfrentaba en un duelo a muerte con Superman en las calles de Metrópolis. Superman caía muerto, no sin antes liquidarse también a Doomsday y salvar a la humanidad, en las calles de Metrópolis. En los brazos de Lois Lane yacía el cuerpo sin vida, totalmente desgarrado, de Superman. Las últimas viñetas del cómic decían "For this is the day / that a Superman died" (este el día en que murio un superhombre). Sin duda alguna, ayer, 10 de octubre del 2004, fue el día en que un superhombre murio. Y como en el cómic, estoy seguro, de que seguirá vivo por mucho tiempo.
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